OPINIÓN

Repensando las ciudades después del Covid-19

Por Omar Quiroga, rector de la Escuela Argentina de Negocios (EAN).

New York.jpg
Foto: La plaza de Times Square en Nueva York, desierta. AFP Photos/GETTY IMAGES NORTH AMERICA/david Dee Delgado

En las grandes ciudades del mundo llegó el silencio para reinar ahí donde gobernaba el ruido de autobuses, automóviles y cientos de miles de personas. Las calles desiertas nos muestran imágenes que creíamos reservadas a películas de ciencia ficción. 

Nueva York, una forma de ver y vivir el mundo entero en una sola ciudad, sucumbiendo ante la potencia de un virus silencioso que golpea con dureza a su población. La Gran Manzana, aspiración icónica de la mayoría de los turistas, se convierte en pocos días en una ciudad desolada con teatros, restaurantes y tiendas cerradas. Times Square, el High Line y el Empire State irreconocibles, golpeados con potencia implacable. Algunos analistas nos dicen que Nueva York, tal cual la conocimos, ha dejado de existir.

En Europa, Barcelona ve tambalear su modelo estratégico exitoso en los últimos treinta años. Su proyección como ciudad global y próspera necesitará un replanteo. ¿Qué sucederá con la fortaleza de su turismo masivo? ¿Qué dirán los no pocos barceloneses que ya miraban con recelo tanto turista invadiendo la ciudad condal?

La fuertemente urbanizada América Latina no queda exenta de los efectos de la pandemia. Ciudad de México, la capital de habla hispana más grande del mundo, ya no es la urbe donde 20 millones de personas transitan caóticamente. Las transitadas calles del lujoso barrio de Polanco lucen desiertas, matizadas por algún vecino paseando su perro. El bullicioso centro de la ciudad luce desolado y abandonado por el tradicional olor de las comidas típicas que caracteriza la zona.

"Algunos analistas nos dicen que Nueva York, tal cual la conocimos, ha dejado de existir".

Muchos kilómetros más al sur, Buenos Aires está detenida. El aislamiento social obligatorio impone calles desiertas solo matizadas por los chicos del delivery haciendo sus entregas en bicicleta. Los sonidos fueron sepultados y sus abarrotados transportes públicos, ahora casi vacíos, reflejan el cumplimiento altamente mayoritario de la cuarentena.

Estamos ante una tragedia enorme. Una situación inédita e inesperada por la enorme mayoría de los habitantes de los centros urbanos. Miles de muertos en algunas ciudades y una debacle económica que algunos analistas destacan como superior a las padecidas en la Segunda Guerra Mundial.

¿Podrá la experiencia del COVID-19 cambiar para siempre nuestras ciudades? ¿Seremos capaces de alinearnos detrás de políticas que nos llevan a estar preparados para afrontar retos como este y quizás otros más poderosos aún? El desafío es analizar y aprender de este duro momento. Desarrollar ideas que generen respuestas a una nueva realidad que nos obliga a pensar desde otros ángulos y a reinventar nuestras ciudades. 

Los centros urbanos desarrollan procesos de planificación estratégica de manera sistemática desde la década de 1980. Muchos ubican a la ciudad de San Francisco y otras urbes norteamericanas como precursoras de esos ordenamientos de grandes objetivos urbanos y el diseño de políticas públicas que permitieran alcanzarlos. La idea cruzó el Océano Atlántico y las ciudades europeas también incorporaron a la estrategia de ciudad como algo normal y habitual. La práctica de construir ciudad consensuando políticas de estado entre gobiernos locales y actores protagónicos de la vida urbana se convirtió en hábito.

Barcelona.jpg
Foto: La Rambla, vacía por el confinamiento durante Sant Jordi MOSSOS D<1>ESQUADRA

A partir de numerosas experiencias exitosas en ciudades disímiles, pero que compiten por ser atractivas para recibir a los mejores talentos, se fueron constituyendo un conjunto de buenas prácticas urbanas comúnmente aceptadas. Muchas de ellas hoy se ven desafiadas por el COVID-19 y obliga a repensarlas estructuralmente. La crisis sanitaria expuso con crudeza las vulnerabilidades de las megaciudades globalizadas. 

La densidad urbana era vista hasta acá como factor positivo. Concentrar a la población y no desperdigarla en extensos territorios permite ser más eficiente en el tendido de redes de agua potable, cloacas, redes eléctricas, etc. Por otra parte, evita que la población tenga que efectuar largos trayectos para llegar a su lugar de trabajo, a comprar mercaderías o a desarrollar tareas de cualquier orden. El diseño de una ciudad compacta ha sido descripto como una buena práctica urbana. Sin embargo, la pandemia ha abierto la puerta a sus detractores. Son aquellos que sostienen que el alto nivel de interacciones personales diarias favorece los niveles de contagio. Del otro lado del mostrador, los defensores de la densidad urbana siguen levantando la bandera del valor positivo de la misma. Para ello, muestran números de altos niveles de contagio en comunidades menos densamente pobladas. Toman como ejemplo que la cantidad de contagios han sido iguales o superiores en Nueva Jersey que en Manhattan, cuando la densidad es claramente menor en la primera de ellas.

Otra cuestión que llegó para quedarse es la perspectiva metropolitana en las grandes ciudades. Es imposible concebir áreas metropolitanas sin un planeamiento integral que comprenda que las fronteras administrativas son inexistentes para los seres humanos en la mayoría de los casos. Esta es una buena práctica establecida, pero en muchos casos incumplida. La Cumbre Habitat III de Quito en 2016 dejó bien en claro que temas como la contaminación urbana, la gestión de residuos y el gas de efecto invernadero (GEI) se gestionan de manera más eficiente mediante una coordinación metropolitana. Una emergencia sanitaria, evidentemente también. El Área Metropolitana Buenos Aires, con escaso apego al diálogo interjurisdiccional, tuvo que cambiar su histórica actitud ante los desafíos sanitarios que impone una pandemia. Se pudo observar finalmente como el Presidente de la Nación, el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, el Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y los Intendentes del conurbano bonaerense tuvieron que articular procesos de decisión. En la misma cuestión, como contrapartida al caso descripto, Barcelona parte con una interesante ventaja: el ejercicio en las últimas décadas de la búsqueda permanente de consensos políticos con escalabilidad metropolitana para las soluciones que se busquen.

Una situación dramática presenta la nueva gestión necesaria de la movilidad urbana y especialmente la del transporte público. Los riesgos de contagiarse el virus fácilmente en el mismo lo han puesto como una de las cuestiones principales a resolver. La reducción de la frecuencia y la cantidad de estaciones de transporte público masivo, tanto de ferrocarril como así también de líneas de colectivos puede ser una solución de emergencia. Favorecer medios de transporte más contaminadores como el automóvil no parece ser la solución. Es necesario repensar profundamente la forma de desplazarnos. Fomentar los desplazamientos en bicicleta y a pie en distancias cortas permite descongestionar el transporte en muchos tramos. Barcelona y Berlín están apostando en este aspecto al urbanismo táctico, ampliando las aceras para uso peatonal y los carriles exclusivos para bicicletas. La capital catalana tendrá en varios tramos de los laterales de la Gran Via y la Diagonal sectores temporalmente peatonales y los ciclistas contarán con 21 kilómetros nuevos durante el desconfinamiento. Se trata de una inversión de 4,4 millones de euros para su implementación inmediata.

"Es necesario repensar profundamente la forma de desplazarnos. Fomentar los desplazamientos en bicicleta y a pie en distancias cortas permite descongestionar el transporte en muchos tramos".

Descongestionar los momentos pico alternando horarios y favoreciendo el trabajo, la educación y los trámites a distancia puede ser un acercamiento para encontrar nuevas respuestas. Todo ello no alcanzará si por otro lado no mejoramos la calidad del transporte público. Para ello debemos optimizar frecuencias y agregar vagones para evitar aglomeramientos. Desafío difícil en el corto plazo para la golpeada economía de las ciudades latinoamericanas.

Hasta que la cuestión del contagio no quede definitivamente despejada de la mente de la gente, el miedo hará que se evite subir a un colectivo o un subte en las condiciones anteriores. Es acá donde gana fuerza la vida de cercanías, la vida con pertenencia barrial. Algo parecido a la vida del suburbio de las décadas de 1960 y 1970, donde ir al “centro” era una salida especial y espaciada en el tiempo. Esto descomprimiría la concentración de actividades en algunas zonas centrales, desplazándolas hacia centros barriales.

Papel protagónico también tendrán los espacios públicos. Lugar de añoranza profunda en tiempos de aislamiento social, tendrán que ser contemplados prioritariamente. Será por fin el momento de planificar más espacios comunes de esparcimiento. Lugares donde el verde sea vital y las distancias puedan ser cuidadas y respetadas.

Buenos Aires.png
Foto: Buenos Aires. (Franco Fafasuli)

En tiempos anteriores a los del COVID-19, Barcelona impulsó un mecanismo de gestión urbana que facilitara la creación de espacios menos contaminados. En una conferencia virtual con profesores y alumnos de la Maestría en Gestión de Ciudades de la UBA, Joan Subirats, Primer Teniente de Alcalde de Barcelona, nos describió a las llamadas “super islas” o “supermanzanas”. Las mismas agrupan nueve manzanas, en las que el tráfico queda limitado a las calles circundantes, de modo que un gran número de arterias quedan libres para la circulación de peatones y ciclistas. El beneficio es claro: se reduce la contaminación proveniente de los vehículos y se crea un espacio para que los residentes y visitantes puedan caminar y respirar aire puro.

La pandemia también amplió roles protagónicos. La tecnología aumentará su presencia en nuestras vidas. Las comunicaciones virtuales a través de distintas herramientas, la telemedicina, la educación a través de clases digitales, el empleo desde los hogares y las ventas por internet saltearon varias etapas en poco tiempo.

Pero donde la tecnología amplía aún más su protagonismo es en la intervención del Estado. Muchos estados nacionales, provinciales y locales quedarán empoderados con la recolección masiva de datos que les facilite una mejor toma de decisiones. Los países asiáticos avanzaron fuertemente en la vigilancia digital individual. En Hong Kong los contagiados portan pulseras que les comunican a las autoridades cuando la persona deja de lado su aislamiento. El filósofo coreano y ensayista bestseller Byung-Chul Han alerta que el coronavirus podría llevarnos a una sociedad de vigilancia total. ¿Se adaptará la cultura occidental de características fuertemente liberales a estos controles?

El COVID-19 dejará una huella profunda. ¿Qué será del proceso de globalización que facilitó la expansión de la pandemia? ¿Iremos hacia procesos más colaborativos de cooperación internacional? Daron Acemoglu expresa que en esta nueva era las ciudades deberán practicar una destrucción creativa política que permita la construcción de un nuevo paradigma urbano. Llegó la hora de afrontar el reto de construir ciudad con fuerte participación ciudadana. En medio de un contexto volátil y de incertidumbre la democracia enfrenta desafíos cruciales. 

También te puede interesar

(+54) 11 5032-3900 CABA: Av. Córdoba 1690 Capital Federal
Zona Norte: Av. Santa Fe 2162 Martínez
informes@ean.edu.ar