Centro de Emprendedores EAN

 
 

El Centro de Emprendedores EAN brinda a las participantes herramientas para la organización, comunicación y capitalización de sus iniciativas. Creamos espacios que promueven, apoyan y potencian negocios innovadores y sustentables. Nuestros emprendedores se dividen en etapas de incubación superadoras unas con las otras en un círculo de retroalimentación y aprendizaje constante.  Entendemos a los emprendedores en su sentido amplio: el que emprende su propia iniciativa para independizarse, el que dentro de las organizaciones es motor de cambio e innovación, y aquel que motiva y acompaña a los demás para ser parte del desarrollo de nuestro país desde el impulso de proyectos productivos, asociativos y/o comunitarios.

En EAN el desarrollo del emprendedor empieza por la postulación y el trabajo con herramientas ágiles en los talleres de ideas (Nivel 1); sigue con la consolidación de estas ideas en un Modelo de Negocios que les permita buscar financiamiento en las distintas ventanillas y aprovechando las oportunidades nacionales e internacionales para seguir avanzando (Nivel 2); escala a un producto mínimo viable y/o la puesta en marcha del negocio y su aceleración (Nivel 3); y retroalimenta al ecosistema mediante tutorías y mentorías ofrecidas por los emprendedores incubados a cada nivel previo al que se encuentran.

Nos centramos en desarrollar y retroalimentar el capital emprendedor de nuestra comunidad. En una ampliación de la teoría de Kantis (2008), a fin de explicitar cómo los conceptualizamos, y para profundizar el análisis y facilitar la interacción entre los mismos:

Capital Económico: este tipo de capital está relacionado con la disponibilidad de recursos económicos (dinero, bienes, activos financieros, etc.). Está ligado de forma directa a la adquisición de bienes y servicios. En última instancia se remite al dinero, y es el tipo de capital que usualmente se identifica como el más necesario.
Capital Humano: el capital humano hace referencia a la “interioridad” del sujeto, y a las capacidades de cada persona relativas a su formación, a su acervo cultural, a sus aptitudes, conocimientos y experiencias. Se cuentan dentro de este tipo de capital las “competencias emprendedoras” (es decir, los conocimientos, habilidades y actitudes que hacen a una persona competente para ser emprendedor).

Capital Social: el capital social se refiere a los vínculos interpersonales, basados en la confianza, que se establecen entre los seres humanos. Las redes sociales, en el sentido más amplio del término, se referencian con este tipo de capital. A través del vínculo con otros accedemos, a su vez, a los demás tipos de capital (recursos económicos, información, conocimientos, etc.). El acceso a nuevos mercados y las relaciones comerciales muchas veces se soportan sobre lazos de confianza.

Capital Institucional: este tipo de capital se interpenetra con el anterior porque, en última instancia, las organizaciones están conformadas por personas, hay vínculos que trascienden el ámbito personal y se institucionalizan, referenciándose en procesos burocráticos. Muchos emprendedores desarrollan vínculos estratégicos con instituciones que cubren algún tipo de necesidad de sus proyectos (conocimientos técnicos, financiamiento, etc.). Muchas veces, el capital institucional también aporta capital simbólico a los emprendimientos que detentan una relación formal con una institución de renombre (por ejemplo, ganando un concurso prestigioso, accediendo a un premio para iniciativas innovadoras, participando de un proceso de incubación o de aceleración, etc.).

Cada proyecto requiere diversas combinaciones de los mencionados capitales. Mientras que algunos emprendimientos son capital-económico intensivos (por ejemplo, los emprendimientos que se insertan en economías de escalas con unidades mínimas rentables muy altas), otros son capital-humano intensivos (por ejemplo, los emprendimientos tecnológicos en todas sus ramas), y muchos son capital-social intensivos (como los emprendimientos centrados en asesoramiento, comercialización o intermediación). Y siempre son los emprendedores los que administran y combinan los diversos tipos de capitales, o lidian con la falta de alguno de ellos. (Luna y Gallo, 2018)

Surge de este análisis una alerta directa para los emprendedores que atraviesan -y técnicos que acompañan- el proceso emprendedor. En la contabilidad de capitales que detenta el equipo fundador no debe haber una, sino cuatro columnas. Evaluando el tipo de proyecto y la combinación de capitales requerida para impulsarlo, hay que establecer una estrategia consistente para incrementarlos.

En este contexto se definen los objetivos orientados a la formación emprendedora en la Escuela Argentina de Negocios – EAN y la atención en el Centro de Emprendedores:

· Brindar herramientas metodológicas que permitan a cada estudiante identificar las necesidades específicas de su iniciativa en función del marco general expuesto en términos de proceso emprendedor, de estrategia de capitalización, de desarrollo de clientes y de comunicación.

·  Ofrecer soluciones prácticas para optimizar la gestión de las iniciativas, de acuerdo a la fase que estén atravesando.

·  Consolidar un espacio de interacción de los cursantes con el ecosistema emprendedor local, favoreciendo el incremento del capital social y networking entre los estudiantes.

·  Facilitar la vinculación de los cursantes con certámenes, convocatorias y actividades que puedan potenciar sus iniciativas.

·  Posibilitar el acceso al Capital Emprendedor: capital humano, el capital social, el capital financiero, y el capital institucional.

La atención a los intereses particulares de los alumnos -más allá de su elección vocacional de carrera- así como la formación y orientación emprendedora, son transversales a la gestión, al recorrido académico y a la post graduación.

Éste es nuestro desafío.

 

Proceso del CE EAN

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